Etnonacionalismo contra multiculturalismo
El debate entre Alain de Benoist y Guillaume Faye sobre el multiculturalismo
La entrevista con Alain de Benoist y el texto de Guillaume Faye que presentamos a continuación, representan las corrientes multiculturalistas y etnonacionalistas de la Nueva Derecha europea, las posiciones ideológicas que de Benoist y Faye defienden en esos dos textos no solo son emblemáticas de las diferentes estrategias que actualmente dividen a los intelectuales nacionalistas europeos, y de sus luchas contra los problemas del pluralismo, del culturalismo y el mundialismo, sino también de las dificultades inherentes en la lucha política a favor del renacimiento europeo.
Como parte de la reciente polémica sobre la decisión de Jacques Chirac de prohibir la utilización del velo islámico en las escuelas publicas francesas, estos textos aparecieron en la revista de la asociación Terre et Peuple, una de los muchas escisiones del Groupement de Recherche et d'Etudes pour la Civilisation Européenne (GRECE). Fundado en 1968, los nacionalistas anti-liberales del GRECE creían que el orden americanocéntrico impuesto sobre Europa en 1945 -- con sus practicas sociales etnocidas y su totalitarismo capitalista del homo dollaris uniformis' -- nunca seria superado si sus oponentes seguían utilizando los planteamientos ideológicos desacreditados de Vichy, del nacionalcatolicismo, del monarquismo o del neofascismo, que no tuvieron ni el mas mínimo impacto sobre el entorno político de posguerra. Tomando algunas ideas de la Izquierda, los jóvenes fundadores del GRECE abandonaron esas formas antiguas de anti-liberalismo por un "Gramscismo de derechas", que pretendía subvertir metapoliticamente el orden liberal en el mundo de la cultura y las ideas.
Debido a los principios igualitarios que fundamentan la cosmovisión anti-nacionalista del liberalismo, los "realistas biológicos" del primer GRECE intentaron popularizar lo qué la ciencia contemporánea tenia que decir en contra de esos principios. Sin embargo, su metapolítica anti-igualitaria fracaso en influenciar el discurso dominante, que no se movió ni un ápice de sus principios cardinales. Una vez que esto fue evidente, los grécistas comenzaron a re-pensar su estrategia cultural y a utilizar un método menos agresivo. Cuando lo utilizaron, gradualmente descartaron y abandonaron su realismo biológico por un "etnopluralismo" que permitiría legitimar la identidad biocultural europea en el nombre de la defensa de la heterogeneidad cultural. Esta nueva estrategia se baso en la creencia de que el etnopluralismo, cuyo principio de autodeterminación había ganado prominencia en los movimientos de descolonización y anti-imperialistas de las décadas previas, podría ser utilizado para defender la integridad racial/cultural de los pueblos europeos ("si los pueblos del Tercer Mundo tienen derecho a la autodeterminación, también lo tienen los europeos").
El etnopluralismo del GRECE tomo forma en dos slogans: la causa de los pueblos y el derecho a la diferencia, ambos de difícil traducción al inglés, pero que implican que la humanidad "solo permanecerá saludable sí su diversidad cultural es defendida" del ataque de las fuerzas homogeneizantes del mercado mundial (el derecho a la diferencia) y sí se le permite a cada pueblo retener su distinta identidad cultural" (la causa de los pueblos). Luego, esas ideas se difundieron entre los movimientos nacionalistas del continente, Le Pen, Haider, Fini y numerosos partidos parlamentarios y grupúsculos nacionalistas a lo largo del continente comenzaron a emplear alguna variante de ellas para justificar su defensa de la herencia biocultural europea. El exíto de esos slogans parecía sugerir que era mas sabio promover la supervivencia de la cultura europea en base al acuerdo que en el conflicto, utilizando eslogans congruentes con ideas liberales, aun cuando no concordaran con los objetivos liberales, los nacionalistas anti-liberales podrían dirigir el discurso dominante contra sí mismo.
Esta "estrategia de persuasión", sin embargo, fue demasiado lejos para el GRECE, en el proceso de la defensa de heterogeneidad humana y de la causa europea, algo comenzó a cambiar en su política cultural, el etnopluralismo evoluciono hacia algo mas que una estrategia. Eventualmente, se convirtió en el centro de su metapolítica, preparo la vía para la aceptación posterior del Multiculturalismo, la inmigración tercermundista y esos principios comunitaristas norteamericanos justificatorios de las sociedades multirraciales balcanizadas. En vez, de librar una batalla contra las medidas anti-europeas del orden de posguerra, el etnopluralismo del GRECE, acepto la idea liberal de que todos los pueblos son de igual valor y luego el actual discurso multiculturalista.
Esto nos introduce a Guillaume Faye. Con una pluma tan poderosa como la de su antiguo camarada, él ahora desafía la idea de Benoist de que la inmigración tercermundista se ha convertido en una faceta innegable, y por ende incontestable de la existencia europea y que debe ser tratada en formas que la reconozcan como tal. Como un numero importante de ex-grécistas (tales como Robert Steuckers, Pierre Vial, Pierre Krebs, etc.), Faye continua escribiendo, hablando y agitando no solo en defensa de la herencia cultural y comunitaria europea, sino también de la tradicional homogeneidad racial de sus tierras. Él rechaza cualquier compromiso con el igualitarismo liberal, lo que le ha llevado a enfrentarse al discurso "diferencialista" del GRECE. Al asumir los postulados liberales que ahora constituyen la doctrina del etnopluralismo, Faye dice que el GRECE se convertido en cómplice de las elites gobernantes, cuya propia variante del etnopluralismo justifica la des-europeización que ocurre actualmente a través de la inmigración masiva y el libre mercado.
He aquí, en estos textos que reflejan el multiculturalismo de Benoist y el etnonacionalismo de Faye, los dos antagonistas anti-liberales mas prominentes de la Nueva Clase europea y sus diferencias en su común oposición al mundo hibridizado del Nuevo orden liberal.
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Entrevista con Alain de Benoist
Terre et Peuple:La presente discusión sobre si se le debe permitir a las mujeres musulmanas llevar el velo en la escuela ha revivido el debate sobre el comunitarismo. En numerosos libros y ensayos publicados durante años, particularmente en las columnas de Eléments, frecuentemente has tomado posiciones ideológicas contrarias a las sostenidas por la mayoría de tus lectores. Quiero comenzar esta entrevista preguntándote si han habido cambios fundamentales en nuestra sociedad [desde el fin de la Guerra Fría, cuando fue la última vez que tomaste una posición en publico sobre este tema], y si el movimiento identitario puede o no dar una respuesta correcta a esta problemática pero crucial discusión.
Alain de Benoist:Yo siempre he tomado posiciones contrarias a las de aquellos que no conocen o no entienden las mías. Pero admito que he cabreado a algunos al decir que la inmigración es un hecho, que ya no es una opción, y que al comprometernos en una batalla, debemos pelearla en su terreno especifico, no en el que nosotros preferiríamos pelear. . .
¿Qué ha sucedido en los últimos 14 años? Han empeorado las patologías engendradas por una inmigración masiva e incontrolada. Esas patologías le han hecho la vida mas difícil a millones de personas, que no ven solución a esos problemas. Una consecuencia de esto es que ha ocurrido un cierto cambio de perspectiva. La idea indulgente de una Reconquista futura [en la que los europeos recuperarían militarmente las tierras y los espacios que han perdido a manos de los inmigrantes tercermundistas] ya no es creíble, excepto para unos pocos espíritus que no tienen idea del mundo en el que viven. Al mismo tiempo, nadie (con la excepción de la patronal) propone una mayor apertura de nuestras fronteras - las cuales, en ningún caso, detienen o garantizan nada. Si la cuestión del velo ha despertado una discusión tan acalorada, es solo porque le proporciona a la clase política una forma conveniente de tratar con un problema que no ha querido tomar en cuenta. No obstante, es probable que esta discusión no finalice. Por mi parte, la posición que tome sobre el tema en Le Monde en 1989, cuando todavía era posible escribir al respecto, no ha cambiado.
Tienes razón al describir el tema como uno crucial. Pero porque es así, es importante no tratarlo con eslogans o fantasías. Para que el movimiento identitario este capacitado para responder a este desafió, necesitaría dejar de confundir la apariencia con la verdad y dejar de atribuir a factores étnicos lo que Karl Marx atribuyó a factores económicos. Sobretodo, el movimiento necesita repensar la noción de identidad, reconociendo que no es una esencia eterna que permite a sus portadores evitar el cambio, sino una sustancia narrativa que les permite permanecer fieles a si mismos, mientras que a la vez es una entidad cambiante.
T&P: El fenómeno comunitarista abarca muchas realidades diversas (o al menos en su apariencia): comunidades formadas por inmigrantes extraeuropeos, comunidades basadas en la religión, preferencia sexual, o en identidades regionales, que ahora están experimentando un renacimiento. . . ¿Esas comunidades son de un valor comparable? Para un comunitarista, ¿es necesario aceptar a cada comunidad en el nombre del derecho a la diferencia?
AdB: Empecemos clarificando nuestros términos. Primero, hay una noción de comunidad, que Ferdinand Tönnies desarrollo en oposición a su concepto de sociedad. En distinción a las relaciones mecánicas [o funcionales] de una sociedad, en la que la organización social esta basada en la individualidad y los intereses individuales, la comunidad define un modo de socialidad orgánica. En términos de Max Weber, esta noción es un tipo ideal, porque cada colectividad, posee rasgos que pertenecen a la comunidad o a la sociedad, en diferentes proporciones, por supuesto. Basado en el trabajo de Tönnies, pero haciendo referencia también a Aristóteles, ha nacido una escuela comunitarista de pensamiento, cuyos principales representantes son Alasdair McIntyre, Charles Taylor, y Michael Sandal. Esta escuela señala el carácter ficticio de la antropología liberal, en el sentido de que el liberalismo postula un individuo atomizado cuya existencia es anterior a sus fines, es decir, un individuo cuyas elecciones racionales y conductas son realizadas y motivadas fuera de un contexto sociohistórico especifico. Para el comunitarista, al contrario, son las fuerzas extra-individuales del entorno social o comunal las que constituyen y motivan al individuo. La identidad, es pues, lo que nosotros escogemos ser antes de reconocer quienes somos, es ese zócalo heredado que define el horizonte de nuestros valores comunes y le da significado a las cosas de nuestro mundo. Como un valor moral específico, entonces, la identidad es anterior a cualquier concepción universal de justicia--aunque el liberal cree que tal concepción debe triunfar sobre cada sentido particularista del bien
El comunitarismo, entonces, responde la disolución de las comunidades orgánicas y a la crisis del estado-nacion provocadas por el liberalismo, la sociedad liberal ya no es capaz de generar formas sustentables de socialidad. En reacción, comunidades de todos los tipos, heredadas o escogidas, ahora buscan reafirmarse en la vida pública y salir de la esfera privada, e individualista en la que el liberalismo había intentado confinarlas. . .
T&P: ¿La legitimación sistemática de la diferencia realizada por el comunitarismo no lleva a un callejón sin salida? De hecho, ¿ciertas comunidades no rechazan la diferencia de las otras o buscan imponer su voluntad sobre las otras una vez que se vuelvan dominantes? ¿en el nombre de la diferencia, uno no se arriesga últimamente a negar su propia diferencia?
AdB: El reconocimiento de la diferencia no es necesariamente angélical en sus efectos. Tampoco elimina el conflicto. El derecho a la diferencia o a la identidad es muy similar al derecho a la libertad: su abuso simplemente desacredita su uso, pero no su principio. En esto yo me opongo a [a la filosofa feminista] Elisabeth Badinter, que, al justificar "el derecho a la indiferencia", asume que cada vez que nosotros enfatizamos "nuestras diferencias a expensas de nuestros lazos comunes, creamos conflicto." Las identidades comunes pueden, de hecho, ser tan conflictivas como las diferencias: pensemos en la "rivalidad mimética" que el antropólogo René Girard ha analizado. El reconocimiento de la diferencia no descarta la necesidad de un cuerpo común de leyes (que, de hecho, es un pre-requisito para su existencia), tampoco es necesariamente incompatible con las nociones de ciudadanía o con el bien común. El deber del estado es asegurar el orden publico, no incitar al odio. Similarmente, una política que reconozca las diferencias demanda la reciprocidad. Aquel que me designa como su enemigo se convierte en mi enemigo. Quien promueva su diferencia negando la mía, abroga la generalidad del principio. Por esto es necesario crear un entorno en el que nuestras diferencias reciprocas sean reconocidas, lo que no será posible mientras la inmigración, el Islam, el fundamentalismo y el terrorismo sean considerados como lo mismo.
Para entender qué es "el derecho a la diferencia", es necesario superar ciertos equívocos. En primer lugar, se trata de un derecho, no de una obligación. Al reconocer la diferencia, creamos la posibilidad de vivir de acuerdo a aquellos rasgos identitarios que consideramos esenciales, no para aislarnos en ellos o utilizarlos para mantenernos a distancia del resto. La diferencia no es un absoluto. Por definición, sólo existe en relación a otras diferencias, porque sólo nos distinguimos frente a aquellos que son diferentes. Lo mismo ocurre con la identidad: más que un individuo, un grupo no tiene una sola identidad. Cada identidad se constituye en relación a otra. Esto también sucede en la cultura: para crear su propio mundo de significados, no obstante, lo hace en relación a otras culturas. Las diferentes culturas no son especies incomparables, solo diferentes modalidades de la naturaleza humana. No confundamos lo universal con el universalismo.
T&P: En tu opinión, ¿el comunitarismo es una respuesta efectiva al problema creado por la introducción de millones de extra-europeos a Europa? ¿la comunidad no es de hecho importante debido a que es función de un lugar y un tiempo específicos? Por ejemplo hay comunidades que son mas o menos dinámicas, especialmente en términos de natalidad. Dado el fracaso de la integración de los extra-europeos, la utopía de una Reconquista, y un comunitarismo que no podrá detener la bomba de tiempo demográfica, ¿no es esto suficiente para volvernos pesimistas?
AdB:Primero, permíteme decir que si los hombres no encuentran una solución a sus problemas, la historia encuentra una para ellos. Segundo, la historia siempre esta abierta (lo que tampoco significa que todo es posible). Finalmente, al proponer un problema en un modo en el que pareciera no tener solución, no debe ser sorprendente que uno este condenado al pesimismo. Hoy, en Europa hay 52.2 [sic] millones de musulmanes (25 millones en Rusia y 13.5 en Europa Occidental), la mayoría de ellos de ascendencia europea [este argumento no me parece creíble - N. del. T]. El resto, hasta donde yo se, no son ni negros ni asiáticos. Si los europeos son menos dinámicos demográficamente, no es culpa de aquellos que no lo son. Si ellos ya no saben cual es su identidad, tampoco es culpa de aquellos que si. Frente a pueblos con identidades fuertes, aquellos que no tienen identidad podrían reflexionar sobre porque han perdido su identidad. Así, ellos podrían observar cómo la expansión planetaria de los valores del mercado o de la naturaleza del nihilismo Occidental son causas de esa perdida de identidad. En una época de desterritorializacion general, también podría ser útil pensar la identidad en modos que ya no dependan del lugar. Personalmente, yo concedo más importancia a lo qué los hombres hacen, que a aquello que presumen ser. . .
¿La causa de los pueblos?
Guillaume Faye
Guillaume Faye